Pa la ca gá!

Estoy haciéndome un caldo de cabeza del porte de un buque, no sé qué pensar, ni decir y ni mucho menos qué hacer. Tengo miedo de que en algún momento en el que estemos los solos, piense en voz alta y que quede la cagá. ¡Pero es por tu culpa! Tú tienes la culpa de ser tan tierno, de saber escucharme, de hacerme reír, de ser como eres. Y es mi culpa hacerme ilusiones huevonas cada vez que me dices algo o que me invitas a algún lado. 
Estoy chato de todo esto. En tantas oportunidades he estado a punto de decirte todo, todo, pero ahí viene la charlita de tu ex y se me van las ganas hasta de escucharte. Pero sigo ahí porque, pucha, eres mi amigo po, qué más voy a hacer. 
Y aquí (como es de costumbre en las cosas que escribo) viene la parte que me gustaría que pase.

Me encantaría que leyeras esto, que te gusten las cosas que te he escrito (sí, son para ti) y que te des cuenta de que soy yo quien las escribe, que me llames diciéndome que te quieres juntar conmigo y que me preguntes el por qué no te había dicho nada y, ahí, cuando esté apunto de decirte alguna respuesta babosa, me das un beso. ¡ESO! eso quiero, pero...